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VAQUILLAS |
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Una vez finalizado el encierro se celebra en
la plaza de toros la suelta de vaquillas, un
espectáculo popular muy concurrido en
Pamplona. Se trata de reses bravas de menor
tamaño que los toros de lidia. Las vaquillas
se van soltando de una en una al coso por
donde corren procurando empellones a todo
aquel que se cruce por delante. Los mozos
más atrevidos saltan a la arena para medir
su valor realizando recortes ante la res.
Nunca se han registrado víctimas mortales,
pero sí heridos, ya que los astados llevan
los cuernos embolados, es decir protegidos
para que causen menos daño, aunque sí que se
producen golpes y contusiones. Por lo
general, se sueltan cuatro vaquillas, aunque
este número puede aumentar dependiendo de la
decisión del jefe de la Policía Municipal o
del delegado que asiste al espectáculo. A
diferencia de la corrida de la tarde, no se
les da muerte en el ruedo simplemente el
animal es retirado a los corrales.
Los mozos hacen quiebros delante de las
reses de manera anárquica mostrando su
arrojo ante el público. Es un espectáculo
lúdico, marcado por espontaneidad, en el que
se mezclan la pericia y el temple de los que
se lanzan a la arena para sortear la
embestida de las vaquillas. Nunca
participaron en esta fiesta toreros
profesionales, es la gente anónima la que
protagoniza el encuentro cuerpo a cuerpo con
el animal.
Las vaquillas siempre han contado con gran
popularidad. Antiguamente, este espectáculo
taurino se conocía con el nombre de
novilladas, ya que se utilizaba machos
menores de cuatro años. En esta época, los
novillos se soltaban en la plaza del
Castillo, en el centro mismo de Pamplona. A
lo largo de los años se ha ido regularizando
esta fiesta, que surgió de la improvisación
total y la falta de normas y en la que, en
ocasiones, se producían comportamientos
violentos. Por este motivo, la alcaldía de
Pamplona emite todos los años un bando que
prohíbe literalmente "agarrar, hostigar o
maltratar a las reses y dificultar por
cualquier acto su salida o entrada a los
corrales". Son los propios aficionados que
acuden diariamente a la plaza de toros los
que se encargan de reprender con gritos
desde los tendidos a todo aquel que moleste
a los animales de manera irresponsable
incumpliendo la regla.
Queda para la historia de los Sanfermines el
percance que tuvo el escritor norteamericano
Ernest Hemingway, un 8 de julio de 1924
cuando intentó sujetar por los cuernos a un
novillo embolado y éste le dio un gran
revolcón. |