|
Repartidos por distintos enclaves de la
ciudad la jornada sanferminera se organiza
alrededor de las plazas y jardines que los
albergan que, por otra parte, suelen ser
siempre los mismos: la Plaza del Castillo,
la Plaza de los Fueros, plaza Compañía, la
Media Luna, Plaza de la Cruz, Paseo de
Sarasate, parque de la Taconera y plaza
Antoniutti. Todos ellos se convierten
durante los días de fiestas en el escenario
de las distintas actuaciones de jazz,
pop-rock, música electrónica, rumba, salsa,
folclore o exhibición de jotas. Las notas
de la “Biribilketa de Gainza” inauguran las
fiestas de San Fermín, justo después de que
el reloj consistorial marque las doce del
mediodía del 6 de julio. La pieza es
interpretada por dos protagonistas
indiscutibles en este capítulo: La
Pamplonesa y el grupo de txistularis. Tanto
la una, como los otros, sin olvidar a los
gaiteros, se harán indispensables en el
desarrollo de los distintos actos festivos
de la ciudad.
Una vez inauguradas las fiestas de San
Fermín, la Plaza de los Fueros acoge un gran
festival folklórico de música y danzas.
Apenas ha pasado una hora del Chupinazo,
aficionados y curiosos acuden a la plaza
para disfrutar y conocer la gran variedad de
bailes que se conservan en los distintos
pueblos navarros. Grupos de danzaris de cada
uno de ellos interpretaran en un mismo
evento un aurresku, una jota rápida de
Ochagavía, un “paloteau” de la Ribera, una
dantza de Zuberoa o una mutildantza. Para
terminar con el tradicional “Baile de la
Era”, en un momento en el que los
espectadores se suman al festival y se
convierten en dantzaris ocasionales. Esa
misma tarde, a las siete, tiene lugar el
Alarde de Gaiteros desde el Zacatín del
Mercado al II Ensanche.
El Festival de Danzas es el primero de
una serie de conciertos matutinos que, con
el nombre de “Euskal Musika”, recogen las
actuaciones de diversos grupos de música
tradicional navarra. La cita es a las doce y
media en el Parque de la Media Luna. Un
lugar muy apropiado para familiarizarse con
el sonido de la trikitixa, el txistu y las
gaitas, que comparten protagonismo con las
rimas de los de bertsolaris. El más
importante de estos conciertos es el
tradicional Alarde de txistularis, que suele
coincidir con el primer domingo festivo. En
esta exhibición participan músicos
profesionales de varias edades y distintos
lugares. Suelen ser actuaciones a las que
acude gran número de gente.
También al mediodía, varios grupos
joteros ofrecen recitales de jotas en el
Paseo de Sarasate. No suelen faltar a la
cita de Pamplona los Hermanos Anoz.
La música de bandas también esta presente
en las mañanas sanfermineras. A partir del
día 8, hasta que terminen los Sanfermines,
las mejores bandas municipales visitan la
ciudad para actuar en la Plaza de la Cruz, a
la una de la tarde.
Para los amantes de la música clásica, la
Agrupación Coral de Cámara de Pamplona
ofrece todos los años un concierto en el
Teatro Gayarre. Se trata de un grupo coral
de prestigio internacional.
Durante la noche sanferminera el
Ayuntamiento oferta gran cantidad de
propuestas musicales que recogen todo tipo
de estilos. Al caer la tarde comienzan a
sonar las primeras verbenas a lo largo de la
ciudad. Las más tranquilas, pensadas para
disfrutar en familia, son las que se
celebran, a partir de las ocho de la tarde
en el Paseo de Sarasate y en la Plaza de la
Cruz. Esta última se prolonga hasta la una y
media de la madrugada, tras el intermedio de
los Fuegos Artificiales. Un poco más tarde,
a las nueve de la noche, la Plaza del
Castillo se convierte en escenario de la
serie de bailables con el nombre de “Música
de aquí”, que contempla distintas
expresiones de la música tradicional navarra.
El sonido del txistu y las gaitas engancha a
la multitud de gente que acude a participar
de los bailes. La velada termina con un
compartido “Baile de la Era”, típico fin de
fiesta de este tipo de verbenas.
Otros estilos de música, como el merengue
y salsa encuentran su sitio en la Plaza de
San Francisco. Si lo que se busca es un buen
concierto de jazz, habrá que acercarse hasta
la Plaza Compañía donde se dan cita, del 10
al 13 de julio, músicos como Chucho Valdés,
Baldo Martínez o Nicholas Payton, entre
otros muchos, y homenajes como el que le
dedicó Javier Colina a Tete Montoliú.
Los Fuegos Artificiales marcan un
descanso obligado en el transcurso de la
programación musical, que se retoman una vez
apagado el último cartucho. Se reanudan las
verbenas en el parque Antoniutti y la Plaza
de la Cruz hasta altas horas de la
madrugada. Pasada la medianoche se produce
la “Salida de bandas” desde la Plaza del
Ayuntamiento o del Frontón Labrit.
El plato fuerte de la noche son los
conciertos de grupos y cantantes de éxito,
que tienen lugar en dos escenarios
distintos. Con el título de Plaza Abierta,
la Plaza del Castillo la alberga las
actuaciones de los mejores grupos del
momento, principalmente de música pop-rock,
o artitas de folk consagrados como Kepa
Junkera. Por la plaza han pasado grupos
españoles tan conocidos como Tam Tam Go,
Celtas Cortos, El Sueño de Morfeo, Jarabe de
Palo, Bunbury o Miguel Ríos, e
internacionales como el oscarizado Jorge
Drexler, Carliños Brown, The Blues Brothers
Band
También de éxito, Plaza de los Fueros
ofrece actuaciones en directo de grupos de
rock. Empiezan media hora más tarde y los
grupos invitados presentan un sonido algo
más duro, blues, rock mestizo, hip-hop, rock
fusión latino, dirigido a un público joven.
En los últimos años han tocado en esta plaza
Barón Rojo, Los Ronaldos, La Frontera,
Raimundo Amador y como no, la formación
navarra Barricada que comparte escenario con
formaciones locales más o menos afianzadas.
Fuera del ámbito institucional, pero
imprescindible en la Fiesta, así con
mayúsculas, no podemos olvidar la música de
las peñas, que representa el genuino sonido
sanferminero. En su continuo ir y venir por
las calles del Casco Viejo, inundan el
ambiente con las músicas potentes de sus
charangas, con sus trombones, trompetas,
mucho bombo. Son piezas compuestas
especialmente para ellas por Manuel
Turrillas en los años treinta, con un ritmo
y una cadencia inventada especialmente para
las fiestas, que combina la jota y la
biribilketa. Las letras describen, en tono
de humor, situaciones festivas
protagonizadas por los mozos de la época, en
canciones alegres y pegadizas. Con el
tiempo, se han hecho muy populares, a fuerza
de ser cantadas una y otra vez y, aunque la
ciudad ha cambiado y las fiestas han
evolucionado, las peñas siguen cantando
estos himnos a la salida de los toros o en
las dianas inmersos en la juerga de estas
celebraciones, canciones que combinan el
folclore y la crítica reivindicativa con el
himno de cada peña y otras situaciones
festivas. Las charangas han ido
introduciendo nuevos instrumentos con el
paso de los años, principalmente de viento y
percusión Hoy en día son potentes bandas con
sonidos metálicos que cuentan con trombones,
trompetas y bombos, saxofones, tuba,
platillos y el acompañamiento vocal de los
abnegados miembros de las peñas y de todo
aquel que se quiera sumar al grupo. Son
incansables en su labor de poner la banda
sonora a buena parte de las situaciones
festivas desde la mañana, son
imprescindibles en las tardes de toros, no
dejan por ellos de formar parte de la movida
nocturna.
Durante los Sanfermines cada peña se hace
acompañar de una charanga, que contrata para
todos los días festivos. El tema principal
que interpretan continuamente los músicos de
la banda son los himnos de cada peña, que en
su día compuso el maestro Turrillas. Sin
embargo, existe una cierta coordinación
entre las peñas a la hora de salir a las
calles a recorrer con sus músicos los
rincones del Casco Viejo. Se estable un
turno rotativo siguiendo un calendario de
inter-peñas para animar las calles.
En la Plaza de toros, la coordinación
entre ellas es escasa la mayoría de las
veces, funcionando cada una por su lado, más
atentos a los gustos de sus socios, que al
conjunto del tendido. Al finalizar la lidia,
las charangas que participan inundan de
alegría y sonoridad la salida de la Plaza,
en dirección a los locales de las peñas,
hacia la calle Jarauta.
Los propios mozos de las peñas se
mimetizan con el resto de componentes de las
bandas, convirtiéndose en músicos
ocasionales tocando el bombo, sirenas,
bocinas, pitos y cualquier otro artilugio. |