HISTORIA
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Según las
fuentes históricas, en el año 1385, reinando
Carlos II de Navarra, en Pamplona ya se
celebraban primitivas corridas de toros,
diferentes a las actuales pero que
implicaban que los astados tenían que llegar
hasta la plaza para ser “toreados”, o para
“jugar” con ellos sin muerte. En aquella
época, los toros eran conducidos a pie por
el campo hasta la ciudad, y el último tramo
de aquel viaje, el que discurría por las
calles, lo realizaban de madrugada –para
molestar lo menos posible al vecindario- y a
la carrera azuzados por los pastores. Si
admitimos que el encierro nació como el
acompañamiento a los toros por las calles de
la ciudad cuando eran trasladados hasta la
plaza, habrá que deducir que hace al menos
600 años ya había en Pamplona un encierro
embrionario, y que quizá había otro
“desencierro”, cuando los animales
abandonaban la ciudad, pues entonces no
morían en la plaza.
Aquellos
encierros, a los que se denominaba
“entrada”, poco tenían que ver con los
actuales. Un caballista al galope iba por
delante anunciando a los vecinos la llegada
de los astados, y unos pocos jóvenes corrían
muy lejos de la manada contraviniendo las
órdenes del consistorio, que siempre
consideró al encierro como una desobediencia
a la autoridad y un mal menor, por lo que
esta carrera oficialmente estaba prohibida,
aunque -en realidad- se consentía de hecho.
Hasta 1843,
el encierro concluía en la Plaza del
Castillo, acondicionada temporalmente en
Sanfermines como plaza de toros, y hasta el
año 1856 los toros no corrieron por primera
vez por la calle Estafeta. En el margen de
13 años, el encierro tuvo cuatro trayectos
diferentes, entró por dos puertas
medievales distintas y terminó en tres cosos
taurinos diferentes. Además, en aquella
época se desarrolló el ferrocarril, con lo
que los toros ya se trasportaban en vagones
ferroviarios, siendo innecesario su traslado
andando por el campo y el encierro posterior
en las calles.
Estas
circunstancias estuvieron a punto de hacer
desaparecer el encierro de Pamplona que, no
obstante, supero esta crisis gracias al
apoyo popular que siempre tuvo y que se
impuso al deseo siempre latente de las
autoridades de prohibirlo completamente.
Tanto es así, que el ayuntamiento dictó en
1867 el primer bando que regulaba la carrera
–fijaba la hora, el recorrido y sus normas
internas-, por lo que al no poder impedirlo
de hecho el consistorio optó por
regularizarlo y, de este modo, darle carta
de naturaleza legal.
El último
gran cambio del trayecto del encierro se
produjo en 1922, cuando la inauguración de
la actual plaza de toros obligó a los
astados a girar a su izquierda al finalizar
la calle Estafeta, en lugar de hacerlo a la
derecha como hasta entonces. |